Canadá desde el tren en invierno: casi una postal navideña

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Viajar en tren es siempre y en todas partes una experiencia interesante. Pero si se elige Canadá, y se hace en invierno, la experiencia interesante se torna en inolvidable, única, y llena de matices de una belleza casi irreal.

Podríamos elegir cualquiera de las rutas que circulan por el país, pero alguna en especial como la que une Vancouver y Toronto, aporta el interés añadido de hacerlo en uno de los trenes de bandera del sistema nacional ferroviario canadiense, el Canadian.

Fue inaugurado en 1955 por la Canadian Pacific Railway, y desde entonces ha demostrado ser un tren robusto y fiable uniendo Montreal y Toronto con Vancouver en el otro extremo. Y todo ello rehabilitado y equipado con duchas calientes, calefacción y servicios modernos.

En los meses de verano o cálidos la densidad de uso del servicio de trenes es mucho mayor, y el Canadian cuenta con hasta 30 coches. En invierno la demanda decae, y hace mucho más confortable todo: no hay esperas para el uso del restaurante, o de las zonas comunes, pues apenas hay 8 o 9 coches en el tren.

En la parte trasera se encuentra lo que resulta ser el eje central de la experiencia turística de este tren. Se trata de una zona común habilitada para la observación del maravilloso paisaje canadiense desde esta privilegiada posición. Una cúpula acristalada a la que se accede por unas escaleras desde el salón del bar permite vistas de 360 grados después de haber disfrutado de una magnífica cena en el restaurante, servida con la más exquisita elegancia ferroviaria.

El tren cuenta con el programa «VIA Artist on Board» con lo cual tendremos actuaciones en directo durante el viaje, así como desgustaciones de vino diarias, y cata de cerveza, y charlas acerca de la historia del tren, las tradiciones locales, o la historia de los puntos visitados en el recorrido.

Dormir en este tren es otro de los placeres: poder contemplar imponentes paisajes nevados por la ventanilla de un coche-cama Prestige Class, una opción que sobrepasa cualquier lujo que haya ofrecido este tren en sus 60 años anteriores. Duchas privadas, camas dobles, calefacción por suelo radiante, TV de pantalla plana y todas las bebidas con y sin alcohol incluidas en el precio del pasaje, además de ventanillas sobredimensionadas para proporcionar lo mejor del tren: las vistas. Montañas nevadas, desfiladeros de bosques interminables, lagos casi de cristal, parajes invernales donde la naturaleza pinta un cuadro de tal belleza que casi parece pintado para una estampa navideña.

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